Donde está el Papa, está Pedro y donde está Pedro, está Cristo y su Iglesia

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DOMINGO 21° – ORDINARIO – Ciclo A –  (Texto: Mt 16,13-20)

En todos los grupos humanos, llámense pueblos, ciudades, colegios, oficinas, comunidades religiosas, etc. cuando somos nuevos, al relacionarnos con los demás, poco a poco vamos aplicando y nos aplican un proceso que podría llamarse de conocimiento y desconocimiento a la vez.

AFIRMAR DE LO QUE NO SE TIENE SEGURIDAD

Por eso cuando después de cierto trato y amistad alguna persona nos cuenta algunos de sus problemas e intimidades y decimos: “Ya conozco a esta persona”, probablemente estamos afirmando algo de lo que no estamos seguros. ¿Por qué? Sencillamente porque siempre van existir en el ser de la persona otros aspectos y circunstancias que escapan de nuestro conocimiento. Cosas guardadas en el subconsciente que, aunque quisiéramos, tal vez nunca vamos a revelar. Y lo que se afirma de cada persona y de toda comunidad humana también puede afirmarse de la “comunidad”,  la “comunión y el trato” que tenemos los cristianos con la Iglesia y con Jesús, su fundador

LA ENCUESTA DE JESÚS

En el texto del Evangelio de hoy vemos parte de esa realidad. Ya Jesús había escogido, de entre muchos, a sus primeros discípulos. De ellos, por ser instruidos para una gran misión y por  vivir en su compañía, se podría afirmar que lo conocían mejor que el resto de los que lo buscaban ocasionalmente o por necesidad.

Un día, Jesús, como queriendo indagar sobre el conocimiento de su persona, les realiza una encuesta. Primero les pregunta “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” (Mt 16,13). Es decir, ¿qué significaba su persona para los demás? Cuando los discípulos responden que algunos lo confundían con Juan Bautista, Elías, Jeremías y otros profetas; Jesús entiende que aunque es reconocido como enviado de Dios (cf.v.14), el conocimiento que tenían de su persona todavía era insuficiente, pues no había  traspasado  los  linderos  de  lo  puro  humano. No lo había reconocido como al Hijo de Dios, el Mesías esperado.

Y USTEDES, ¿QUIÉN DICEN QUE SOY YO?

Después, la segunda pregunta, dirigida a los que habían escuchado de cerca sus enseñanzas, fue más directa: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (v.15). Todos se quedaron callados y pensativos. Sólo Pedro, movido por una revelación de Dios-Padre, acertó en su respuesta: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Entonces Jesús le reveló algo muy grande: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la hará perecer. (cf. Mt 16, 16-18).

LOS PAPAS SUCESORES DE PEDRO

Y aunque este gran favorecido del Señor más adelante, durante la Pasión, había jurado y perjurado que no conocía a su Maestro, una triple afirmación de su amor al Señor, borró las tres veces que lo había negado; por eso, la promesa de Jesús se le cumplió: Después de la resurrección fue confirmado como el primer Papa. Por esa razón, después de más de dos mil años, los cristianos católicos seguimos creyendo y afirmando que los Papas son los sucesores de Pedro. También, que con estas palabras: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo” tienen la triple tarea de gobernar, santificar y enseñar. Esa tarea fue hecha extensiva a los otros apóstoles, cuando el día de la resurrección sopló sobre ellos el Espíritu Santo (cf. Jn 20, 20-23). Por eso, donde está el Papa, está Pedro y donde está Pedro, está Cristo y su Iglesia”.

ESCOGIDOS POR JESÚS DE ENTRE MUCHOS

También hoy los bautizados que vivimos y  damos testimonio de nuestra fe, como sacerdotes, religiosas o religiosos, padres y madres de familia; así como  miembros una cofradía o grupo de apostolado seglar dentro de la Iglesia; podemos considerarnos  escogidos por Jesús de entre muchos y de una manera especial. Hasta podríamos decir que lo conocemos más y mejor que la mayoría de los su época y de la  nuestra. De los que conviviendo con nosotros se conforman con venir al templo sólo por algún compromiso social o económico; por los que acercan a encender una vela o  buscando agua bendita, por  ejemplo.

¿QUIÉN SOY YO PARA TI?

Si a los que poco o nunca vienen al templo, Jesús les preguntara: ¿Quién soy yo para ti?  Probablemente, sus respuestas serían el reflejo de lo que los padres de familia y cristianos más comprometidos les brindamos. Sirva entonces, la palabra de Dios de este domingo para una personal y auténtica revisión de vida. El Señor está interesado en el testimonio que los responsables de las familias y demás comprometidos cristianos demos… Así sea.-

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