EL MAESTRO LOCO

buena nueva

Dice un libro sagrado tibetano: “No te preocupes si tu barca está bien o mal pintada, lo que importa es que te ayude a atravesar el río.” Los grandes maestros nunca trataron de ser maestros sino de llegar a ser alumnos perfectos. Para un alumno perfecto, un maestro es todo aquel que le enseña algo, voluntaria o involuntariamente. Hoy quiero hablarles de un maestro loco:

Durante nuestras vacaciones en un pueblecito,  entre a un restaurant,  con mi hijo Adán de siete años. Un hombre desaliñado, de greñas costrosas y penetrante olor a axila, brincaba de mesa en mesa, poniéndole bruscamente a los parroquianos, delante de la cara un espejo, como si este acto fuera el peor de los insultos.

Todos se ofendían al verse reflejados en la superficie sebosa y algunos, cejijuntos lo alejaban haciendo uso de sus extremidades inferiores. El esquivaba los golpes e iba a blandir el espejo ante la nariz de otro parroquiano. Cuando llegó a nosotros y nos colocó el espejo delante de los ojos, Adán feliz jugó a hacer muecas. El loco sonrió, extrajo de su bolsillo un frasco de colonia, lo vació sobre su ropa roñosa y se sentó a nuestro lado: – “¡El arte refleja la realidad!” ¿Para qué escribir denuncias si a cada cual le puedo mostrar su odioso retrato? “¡Este espejo es mi feroz libro de poemas!”

Se puso en cuatro patas frente a Adán y con un pie, ¡Era contorsionista! se rascó la oreja. Adán aplaudió. Él, con acento perruno farfulló: – “dog”, (perro en inglés). – ¡Niño, pregúntame lo que quieras y te contestaré!”.

Adán dijo una pregunta inconcebible para su edad: – ¿Cuál es la finalidad del ser humano? El loco le contestó: – Los artistas llegan a su obra maestra después de muchos ensayos. Dios es un artista y como tal ha estado haciendo universos: este no es el primero ni el último. ¡Aún está imperfecto! Cuando el hombre venza sus perversiones, odios, fronteras, egoísmos, rapacidad y se una a los otros con amor, formando una mente colectiva, ayudará a Dios a mejorar el universo, colaborará con él, hasta que la obra llegue a la perfección. Entonces la Humanidad y la Conciencia Universal, será el alma de la materia, el espejo donde Dios se mirará para deleitarse en su reflejo”

Adán puso cara de pícaro y preguntó: – “¿Dónde estoy?”. El loco le respondió: – “¡Estás en un restaurant que está en una calle, que está en una ciudad, que está en un país, que está en un planeta, que está en una galaxia y que está en el universo! ¡Y tú estás sentado en el centro de los mundos, en medio de maravillosos planetas y soles!” Adán sonrió feliz y le dijo: – “¡Me gustaría tenerte como maestro en mi colegio!”

Todos podemos ser maestros locos, pero no de esos que se aferran a lo que es suyo, y no comparten, porque se les ha condicionado a evitar a los extraños y a callar, lo que a veces ha resultado en cegarse a las necesidades de los demás (yo tengo mis ideas, mis gustos, mis caprichos, mi religión, mi felicidad, mi mundo), y en vez de abrirse y hablar de ello, cierran la puerta de su corazón y se aíslan.

¡No… de esos no!  Locos enamorados de la vida y de lo que ella nos da, y con el deseo colosal de compartir las experiencias vividas con los demás, como ejemplo incomparable en esta tierra, tenemos al Señor Jesucristo que fue llamado “maestro” unas 60 veces en las escrituras (raboni)  Mateo 8,19 y Marcos 9, 38. Aunque Jesús fue conocido como sanador de las multitudes, los Evangelios nos relatan en detalle el ministerio principal que él tuvo, como los fue el enseñar las cosas de Dios. A través de las parábolas, historias, ejemplos y a veces enseñanzas duras y difíciles, Jesús enseñaba a las gentes continuamente en el Templo, en los campos, por el mar, andando por el camino.

Suponemos mal si creemos que sólo los maestros están llamados a educar. Todo ser humano tiene algo que compartir con el resto del mundo. ¿Te consideras una excepción? Todos estamos llamados a enseñar a otros.Es la oportunidad más grande que se puede tener para que la vida de otra persona tenga significado y transcendencia.

“¡Me gustaría tenerte como maestro en mi colegio!”, que compromiso y responsabilidad implica esa frase…No es por gusto que la vida nos da la oportunidad de instruir a otros. Por eso, todo ciudadano sea padre, madre, profesional, obrero, tiene una gran responsabilidad: esforzarse por aprender algo nuevo cada día, ya que el aprendizaje es la mejor forma de evolucionar e ir a la par con los tiempos que estamos viviendo, y nos ayudará a estar preparados para cuando los pequeños hombres del futuro nos pregunten algo, seamos como el maestro loco, capaces de satisfacer con nuestras respuestas las preguntas que nos hacen y que les ayudarán a resolver todos esos porqués que son fundamentales en su crecimiento.