Homilía de Monseñor C. Oswaldo Azuaje Pérez, OCD, Obispo de Trujillo en la Fiesta de San Pedro y San Pablo y en la apertura del Año Sesquicentenario del Nacimiento del Dr. José Gregorio Hernández.

obispo

Parroquia de San Pedro, Valera, 29 de junio de 2014

Queridos hermanos y hermanas todos, hoy nos encontramos aquí, en pleno centro de la ciudad de Valera –eje vital de nuestro estado Trujillo-, en el templo dedicado a San Pedro Apóstol, celebrando al mismo tiempo dos acontecimientos importantes en la vida de nuestra Iglesia diocesana: la solemnidad de San Pedro y San Pablo, fiesta patronal de esta Parroquia de San Pedro Apóstol –que preside el Pbro. Walquelys Araujo- y también hoy damos apertura al Año de Acción de Gracias por los 150 años del nacimiento del Venerable Dr. José Gregorio Hernández en nuestra Diócesis de Trujillo. Ciertamente que el sesquicentenario del Venerable nos marca profundamente, por la relevancia que tiene para nuestro Trujillo y para todo el país. El marco de la fiesta de los apóstoles, columnas de la Iglesia, nos realza la índole eclesial de este acontecimiento pues el Dr. José Gregorio fue un hombre de Iglesia, un laico comprometido con su fe y su profesión de servicio al prójimo, un hijo de este pueblo sencillo y amoroso. San Pedro es el creyente bueno y a la vez impulsivo, quien nos invita a una generosidad que enfoca toda su fuerza en la amistad sincera con Jesús, aunque no exenta de momentos difíciles y pruebas de fe. De él nos dice el evangelio de hoy  que es el que proclama: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, y al que Jesús le responde: “Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos”. San Pablo representa la audacia de vivir y comunicar la fe en Jesús, el Hijo de Dios muerto en cruz y resucitado, el que vive para siempre.

¿Por qué hemos escogido el día de hoy para iniciar? Hace 95 años un día como hoy también era domingo. Ese día un hombre se levantó muy temprano para ir a misa en la Iglesia La Pastora de la vieja Caracas. José Gregorio cumplía 31 años de haberse graduado muy joven de médico. Al mediodía visitaría el Santísimo Sacramento y luego almorzaría. Hacia las dos de la tarde solicitaron sus servicios para atender a una anciana que se encontraba muy grave. Antes prefirió ir a la farmacia de Amadores para comprar algunas medicinas que creía útiles para su paciente. Sin embargo, la muerte le sorprendió en una esquina caraqueña al ser atropellado por un automóvil. Todo fue muy rápido. Y Caracas se llenó de estupor y conmoción pues el médico de todos, el médico de los pobres, el investigador y profesor universitario, el hombre de Dios, cristiano cabal había muerto a sus 55 años. Un hombre bueno que quedaría para siempre en el corazón de los venezolanos. Sin embargo, la conmemoración sesquicentenaria que inauguramos solemnemente hoy nos trae a la memoria que el próximo 26 de octubre de este año el Venerable Dr. José Gregorio Hernández cumpliría 150 años. Ilustre trujillano, una de las personas más conocidas y amadas de Venezuela. Su fama va más allá de nuestras fronteras.

José Gregorio Hernández Cisneros nació de una familia arraigadamente cristiana en Isnotú el 26 de octubre de 1864, hijo de Benigno María Hernández Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros Mansilla. Culminó su bachillerato en Caracas, y se graduó con grandes honores de médico en la Universidad Central de Venezuela en 1888. Debido a sus dotes personales –inteligencia y voluntad firmes- fue enviado a especializarse en medicina experimental  en  la Universidad de La Sorbona, en París, Francia. A su regreso a Venezuela fundó en la Universidad las cátedras de  Fisiología, Histología y Bacteriología. Modernizó las técnicas de diagnóstico y los estudios médicos con los últimos adelantos de la época. Gracias a él la medicina en Venezuela fue ejemplo y pionera en América Latina.

El Concilio Vaticano II, iniciado hace más de cincuenta años,  nos señaló que todo cristiano por el bautismo está llamado a la santidad. Por este motivo la Iglesia promueve los ejemplos de vida cristiana y modelos de santidad. Esos son los santos que ella reconoce y da a conocer. Venezuela nos ha dado hasta el momento dos beatas: María de San José y Candelaria de San José. Por gracia de Dios tenemos en curso varios procesos de canonización y beatificación. Para todos los venezolanos el más conocido es el del Venerable Dr. José Gregorio Hernández, nombrado “venerable” por el papa San Juan Pablo II el 16 de enero de 1986.

“José Gregorio se destacó por la práctica de las virtudes cristianas y humanas.  Honesto, honrado, generoso hasta el extremo, puntual y abnegado, preocupado por el mejoramiento de sus alumnos y de contribuir con su ciencia a hacer una mejor Venezuela, siempre con naturalidad y alegría. Su fe católica se manifestó siempre en el cumplimiento virtuoso y esmerado de sus tareas y responsabilidades como hijo, hermano, estudiante, médico, investigador, profesor universitario,y excelenteciudadano. Como consecuencia de su fe estuvo siempre disponible para cumplir la voluntad de Dios especialmente en la práctica de la caridad concreta, pues veía a Cristo presente en sus enfermos, Los atendió a todos sin distinción, pero con especial solicitud a los más pobres y necesitados, viviendo así  la opción preferencial por los más pobres”.

La Iglesia Católica hoy nos propone a este hombre como modelo de laico cristiano. Ella misma nos está invitando a que demos más pasos que nos permitan seguir su ejemplo y virtudes. En su vida buscó a Dios con la intensidad de un enamorado. Este acercamiento a la persona de José Gregorio Hernández debe repercutir en un crecimiento de la fe cristiana, del compromiso con el prójimo y con la Iglesia. Lo que hasta ahora hemos tenido que esperar de cara a su glorificación no debe llevarnos al malestar o el cansancio por no verlo aun en los altares. Debe más bien ser un estímulo para allegarnos a la espiritualidad y a la cultura josegregoriana, y que, cuando llegue el milagro que tanto esperamos, podamos vibrar con los acordes maravillosos de una vida ejemplar que nos atrevemos a proponer a los que ya están viniendo y vendrán después de nosotros. Venezuela se ve sumergida en una crisis de grandes proporciones en lo político, económico, social y religioso. José Gregorio Hernández es una propuesta para los venezolanos. Debemos alejarnos de una visión mágica y milagrera de su persona para acercarnos al Dr. José Gregorio Hernández real. Esto en ningún momento nos excluye de orar y pedir un milagro por su beatificación, pues es más bien un llamado que la Iglesia en Venezuela nos hace. Sigamos las orientaciones que especialmente el Cardenal Urosa y Monseñor Fernando Castro, Vicepostulador de la Causa del Dr. José Gregorio, nos proponen desde la Arquidiócesis de Caracas y que seguiremos dando a conocer.

Como Obispo de esta Diócesis de Trujillo pido especialmente al Señor, en el cuadro del Sínodo Diocesano en el que nos encontramos, que este año de acción de gracias por el nacimiento de José Gregorio Hernández –que comienza hoy y concluye en 2015 en la misma fecha- signifique un proceso de conversión personal y pastoral por el que caminemos a una Iglesia más comprometida con el anuncio del Evangelio, una Iglesia que viva el mandamiento del amor que Jesús nos enseñó y que vivió ejemplarmente este trujillano insigne. Al terminar, elevo a Dios esta oración:

Señor Jesús, tú que pasaste haciendo el bien

y curaste las enfermedades del cuerpo y del alma.

Tú que nos diste tu Espíritu Santo para ser tu Iglesia misionera

y llevar en tu nombre el amor, el consuelo y la medicina del alma,

concédenos la gracia de una conversión más profunda del corazón a Ti,

que sigamos el ejemplo de aquellos que lo dieron todo por ti,

como San Pedro y San Pablo.

Concédenos también la gracia de una coherencia de vida y de fidelidad a tu Evangelio,

como tu amigo José Gregorio Hernández,

y te pedimos que nos concedas por su oración el beneficio de tu gracia milagrosa

que sana cuerpo y alma,

para que podamos reconocerlo un día –por medio de tu Iglesia- como tu Beato.

Te lo pedimos a ti que vives y reinas para siempre. AMÉN.