Cuerpo y Sangre de Cristo “El que coma de este pan vivirá para siempre”

padre-julio

El texto que hoy nos presenta la liturgia dominical en el marco de la celebración de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en el capítulo 6 del evangelio de Juan, nos muestra un proceso gradual que va creciendo en interioridad teológica y en tensión. Del signo milagroso de la multiplicación de los panes, pasa al tema del maná del desierto, del tema del pan bajado del cielo, al tema del comer la carne y beber la sangre de Jesús, el cual representa la causa final del rechazo a Jesús por parte de algunos de sus seguidores.

Las primeras comunidades cristianas, luego de la muerte y resurrección de Jesús, comenzaron a repetir el gesto realizado por Jesús en la Última Cena, es decir la Eucaristía. Luego del transcurrir de los años y repetir el gesto del Señor, el evangelio de Juan reflexiona sobre esta antiquísima práctica ya extendida. El problema no era llegar a comprender de qué misteriosa forma Jesús, podía estar presente en el pan y en el vino, sino que la dificultad estaba en que los judíos no llegan a comprender el planteamiento fundamental de la doctrina de Jesús. Él no viene abrir caminos fáciles que disminuya responsabilidades al ser humano, sino más bien quiere facilitarle el camino de su propia responsabilidad, dándole un corazón nuevo.

corpusUn verdadero seguidor de Jesús debía marcar la diferencia con respecto a la religiosidad tradicional propia de la época, por tanto éste, tenía que ser una persona la cual comenzara a pensar y actuar de forma distinta a modelo de sociedad ya establecido sobre estructuras injustas. De la misma manera el Jesús que ellos buscaban era un libertador poderoso, que pusiera en acción sus energías milagreras y les solucionara el problema del hambre. En este sentido Jesús también requiere de personas que entiendan y se adhieran a su proyecto del Reino de Dios.

Intentar cambiar la concepción mesiánica, presente en la conciencia colectiva del pueblo Judío, implicaba transformar la imagen que tenían de Él: debían pasar de la imagen de un Jesús poderoso, a un Jesús que se entregaba como víctima de los sacrificios, ofreciendo su carne y su sangre, como comida y bebida que da vida eterna y la da en abundancia. Por tanto creer en la Eucaristía no significa aceptar a Jesús de una forma más o menos milagrosa, sino creer en Él implica aceptar la Eucaristía como signo transformador del mundo y la invitación de esta celebración es que debemos adherirnos al proyecto de vida que nace del compartir de la Eucaristía.

Pbro. Julio César León Valero