Oración, respiro del alma

lampara_de_barro

“Un anciano muy instruido, y muy sabio fue visitado por un joven, quien le pidió: `Padre,  enséñame a orar`.  Bien, le respondió. ¡Sígueme! El anciano se levantó, se fue a un profundo río y comenzó a entrar en el agua. El joven sin saber qué hacer, lo siguió. Cuando ya estaban en el medio del río y el agua les llegaba hasta la boca, el anciano agarró al joven por sus cabellos y lo sumergió. El joven con un gran esfuerzo logró liberarse del anciano luego de una inmensa lucha y salió del río respirando profundamente. Salió también el anciano e interrogó al joven: ¿Cómo te sentiste debajo del agua? Este le respondió: padre, yo gritaba a Dios, con un grito mudo para que me dé al menos un respiro y para que me libre de la muerte.

            Entonces el anciano le explicó: El río que hunde a los hombres es la vida sin Dios. Si nosotros vamos a gritar y recurrir a Dios como tú lo hiciste debajo del agua, vamos a orar correctamente. La oración siempre nos libra de la muerte y como el respiro nos llena, no de aire, sino del Espíritu Santo, portador de Vida Eterna.”

No hay nada mejor y nada más importante que poder mantener un diálogo con Dios, nuestro Creador, nuestro Padre. Y lo más relevante, es que podemos hablar con Dios, porque es nuestro mejor amigo, y es quien más nos ama. La oración es un elemento vital para el desarrollo cristiano, que eleva el nivel espiritual y nos permite avanzar en nuestro crecimiento. ¡Vivamos siempre en oración con corazón sincero!

 Pidámosle a Cristo Jesús, igual como lo hicieron sus Apóstoles: Señor, enséñanos a orar y que además nos enseñe a no desfallecer, es decir a ser constantes  en la oración.