SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

padre-julio

“Para que todos seamos uno”

La Solemnidad de la Santísima Trinidad no es un momento que tenemos como Iglesia para pensar única y exclusivamente lo complicado que es para la mente humana comprender el misterio de Dios uno trino: Tres personas distintas y un sólo Dios. Celebrar la solemnidad de la Santísima Trinidad es comprender que Dios es una comunidad de vida expresada en el amor, un amor que se da hasta el extremo de entregar la vida por los amigos. Es un tiempo especial para poder celebrarlo en Iglesia-comunidad, con el compromiso de hacer comunidad en el mundo y con ello de hacer del mundo una familia.

Resulta difícil y equivocado hacernos la idea de que Dios es como un ser solitario, aislado y egoísta, sino más bien en realidad es una comunidad que da vida a la comunidad universal. Por tanto la celebración de esta fiesta, es afirmar que la soledad, el aislamiento, el desamor, la desunión o el odio, no sólo están fuera del proyecto de Dios, sino que está en contradicción con Él mismo y para la vida de la humanidad representa un retroceso histórico ya superado hace mucho tiempo.

En el texto del evangelio de Juan 3,16-18 que nos presenta la celebración de la solemnidad de la Santísima Trinidad, se intenta explicar de forma limitada, la vida de Dios desde adentro, a partir de la máxima expresión de amor de Dios “tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”, la manifestación plena de Dios desde el amor para darle vida al mundo, es entregar al autor de la vida su único Hijo para que todos tengan vida y la tengan en abundancia; pero desde una acción conjunta que expresa el sentido de la unidad de Dios, reflejo de la comunión que debe existir entre todos los hijos de Dios.

La “salida” de Dios de sí mismo mediante la persona de su Hijo Jesucristo que fue entregado a la muerte para la salvación de la humanidad, tiene como finalidad que hagamos lo mismo: proyectar la vida misma de Dios hacia fuera, ¿cómo? Fortaleciendo aquellos comportamientos que contribuyen a generar unidad y armonía en nuestro entorno, creando así de esta manera espacios de unidad y comunión entre quienes nos rodean, sintiéndonos comprometidos con la construcción de un mundo en el que no haya fronteras, ni discriminaciones, sino la perfecta armonía de los hijos de Dios.

Pbro. Julio César León Valero