IIIº del Tiempo Ordinario – Ciclo C “Hoy se cumple la Escritura que acaban de oír…”

escritura

La liturgia de la Iglesia, nos presenta para la reflexión dominical, en esta oportunidad, el inicio del evangelio de Lucas 1, 1-4; 4, 14-21. Lo primero que salta a nuestra vista, es la dedicación del evangelio. Llama la atención, que Lucas dedique el evangelio y el libro de los Hechos de los Apóstoles, a un discípulo en particular, cuyo nombre es Teófilo; al parecer, era una miembro de la primitiva comunidad cristiana, en torno al evangelio de Lucas.

Resulta más llamativo, que el nombre Teófilo, es de origen griego y está compuesto de dos palabras: Teo y Filio, que se traduce al castellano “amado de Dios” o “Hijo de Dios”. Es evidente, que podemos hacernos muchas interrogantes sobre: ¿Cuál era en realidad la intencionalidad del autor sagrado, inspirado por Dios, al momento de escribir esta dos obras? ¿Quién o quiénes son los destinatarios del evangelio? Es claramente evidente, que existe una intencionalidad teológica, por parte del autor de la obra, por indicarnos que todos podemos ser los destinatarios del evangelio y que no se encuentra delimitado en el tiempo, sino que es un mensaje dirigido a todos los hombres y mujeres, de todos los tiempos.

También podemos evidenciar en el texto del evangelio de Lucas, que se encuentra dedicado a todos los seres humanos, sin distinción alguna. Es una obra que es narrada y contada con un carácter universal por el autor, para hombres y mujeres que no conocen la religión judía; además son personas que habitan en la cuenca del Mediterráneo. El evangelista, pone de manifiesto, que Dios ama a todas las personas y desea que su proyecto de salvación, se convierta en un legado para toda la humanidad.

El texto nos presenta una segunda parte. En ella, se nos revela el proyecto de la proclamación de la misión de Jesús. El hijo de Dios, el Mesías que proclamó con su vida, un nuevo tiempo, en donde la buena noticia de salvación, es el mejor detalle que el Señor ha tenido con la humanidad: devolvernos la dignidad de la gracia, recibida desde el mismo momento de la creación de la humanidad.

Cada uno de nosotros, como comunidad de cristianos, estamos llamados también a proclamar un tiempo nuevo, donde quienes nos rodean, lleguen a ser más felices. Tenemos que trabajar como comunidad de hijos de Dios, para hacer todo lo posible, por desterrar de nuestros corazones, todo lo que nos aleja del amor de Dios y así poder experimentar en nuestras vidas, la liberación, que Jesús de Nazaret, nos propuso hace dos mil años.

Pbro. Julio César León Valero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *