RETIROS ESPIRITUALES DEL CLERO TRUJILLANO

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REDACCIÓN AVANCE.- La cuaresma ha sido siempre en la Iglesia, un tiempo en el cual se da la oportunidad a todos los cristianos, de acercarse mucho más a Dios, a través de las armas que desde el miércoles de ceniza, entran en vigencia: La Caridad, La Oración y el Ayuno (la Penitencia). Elementos que son como un eje transversal, en el cual se hace un itinerario, que nos conduce a la Pascua, donde se vive el gozo de un Cristo vivo y resucitado, en el seno de la Iglesia y toda su feligresía.

En la diócesis de Trujillo desde su fundación, como en toda la Iglesia universal, el presbiterio que la conforma, también cumple este mandato divino de aislarse un tiempo considerable, previa organización, para que en dos tandas, cada uno de los presbíteros, pueda encontrarse consigo mismo frente a Dios, a través de charlas y meditaciones que sirven para reflexionar y reorientar actitudes en bien personal y de la Iglesia. Así ha sido siempre, alcanzando por ello, frutos espirituales de notable apreciación.

retiro-clero3Este año 2015, el escenario de estos ejercicios espirituales, fue el vecino y turístico estado Mérida. Enclavadas en El Valle, sector que conduce al páramo de La Culata, frente al imponente y majestuoso Pico Bolívar, se encuentran “La Casita de la Virgen”, atendida por las Hermanas Dominicas y la famosa Casa de Retiros “San Javier del Valle”, de la Compañía de Jesús (Jesuitas), las cuales sirvieron de albergue a las dos tandas de levitas ejercitantes en la primera quincena del mes de marzo y segunda y tercera semana de cuaresma, respectivamente. Las bajas temperaturas hicieron gala de esos días soleados y noches de miríadas de estrellas, que invitaban a mayor recogimiento, silencio y oración.

Mons. Ángel Francisco Caravallo, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Maracaibo (I Primera Tanda), y Mons. Trino Valera, Obispo de la Diócesis de Guanare (II Tanda), fueron los encargados, este año, de hacer renovar a cada ejercitante, todo lo que desde su inicio vocacional le ha servido para entregarlo en plenitud a la Iglesia y por ende al pueblo santo de Dios, al cual se debe todo presbítero.

Con horarios totalmente acordes al lugar y a la ocasión, fueron desglosando los predicadores, los diversos temas de meditación y reflexión en esos intensos días de oración y encuentro con Dios, además de la convivencia y fraternidad sacerdotal. Se empezó con la observancia de lo que son los ejercicios espirituales en la vida del presbítero y lo importante para el crecimiento del mismo, en la acción sacerdotal. Un recorrido sobre grandes pensamientos de santos y a la luz de la Palabra de Dios, se disertó sobre la grandeza de apartarse de lo cotidiano, para el encuentro personal con Dios, en los ejercicios espirituales que cada año debe tenerse.

retiro-clero2Posterior a esta meditación, el predicador hizo un esbozo sobre la escucha que debe dársele a Dios cada día en el ejercicio del sacerdocio, para luego sustentar una identidad sacerdotal plena y acorde a la vocación que Dios le ha hecho a cada uno de sus sacerdotes. Los consejos evangélicos (castidad, pobreza y obediencia), fueron ampliamente meditados en estos días de retiros espirituales, además de la oración, elemento vital en la vida de todo presbítero, la cual hace sentir una cercanía con quien es el Autor de cada vocación, en la vida eclesial. La oración desde la perspectiva de Jesús, que en todo momento entraba en comunicación perfecta con Dios y otro tema de suma importancia, como fue la penitencia o confesión, desde la doble perspectiva del sacerdocio: la administración de dicho sacramento para los fieles, pero también la vivencia del presbítero en su arrepentimiento, confesando sus pecados.

Es de resaltar la presencia del Obispo Diocesano, Mons. Oswaldo Azuaje Pérez, en cada una de las tandas. Su presencia ayudó mucho a sentir el acompañamiento del Padre y Pastor de la diócesis, a sus hijos sacerdotes. Hubo una gran fraternidad en ambas semanas de ejercicios espirituales y mucho nos ayudó la exhortación de Mons. Azuaje, sobre la Oración, tema que ha dedicado para consagrar el año en curso y que junto con el Sínodo Diocesano, podamos darle mucha atención y apoyo, y de esta manera enfilar a nuestra amada Iglesia diocesana, a una pastoral de conjunto, que nos lleve a seguir construyendo el Reino de Dios, en nuestra parroquias y con nuestro amado pueblo, que es el Pueblo Santo de Dios.

Otro año cumplido, con este compromiso personal con Dios y con la Iglesia, que hace nuestro presbiterio. Gracias por sus rezos y oraciones hechas por todo el colegio presbiteral trujillano. Sigamos trabajando en conjunto, por la grandeza de esta Iglesia que peregrina en Trujillo y que los frutos sean cosechados para Gloria de Dios padre y de su Hijo Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.