Homilía de Mons. Cástor Oswaldo Azuaje Pérez, Obispo de Trujillo, Catedral.

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Domingo 1 de febrero 2014, Día de la Vida Consagrada.

Queridas hermanas y hermanos de la Vida Consagrada de Trujillo aquí presentes, y aquellos que no han podido venir. Queridos fieles asiduos a esta misa dominical y que se preguntan en este domingo, cuarto del tiempo ordinario de la liturgia, acerca de la presencia de religiosas y religiosos que sirven al Señor y al pueblo de Dios en esta Iglesia trujillana.

Mañana, lunes 2 de febrero celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, fiesta en la que la recordamos que José y María acudieron al templo de Jerusalén para presentar a su hijo Jesús a Dios. Este día, en tradición inaugurada por San Juan Pablo II, la iglesia recuerda y celebra la presencia de millones de hombres y mujeres que viven en comunidades consagradas a Dios, fundadas para el servicio de la Iglesia y de la humanidad entera, comunidades cuyo proyecto de vida se fundamenta en el seguimiento de Jesucristo pobre, casto y obediente. Es el día de la Vida Consagrada que, por necesidad, hemos trasladado a este domingo.

Hoy, como Obispo de Trujillo y también como consagrado que soy, quiero rendir homenaje  a los hombres y mujeres que, desde el nacimiento de nuestra iglesia trujillana, han dejado, y siguen dejando trozos de su vida en el servicio a Dios y al prójimo a través de colegios, residencias para niños y ancianos, servicios de salud, asistencia a los párrocos, a la comunicación social, monasterios de vida contemplativa … Entrega que es fruto también de la riqueza de carismas que ofrecen respuestas muy variadas a las muchas necesidades de la Iglesia, sabiendo que la misión de ella es evangelizar y llenar al mundo de la luz y esperanza de Cristo Jesús.

Por voluntad expresa del Papa Francisco, 2015 será el Año de la Vida Consagrada en la Iglesia Católica. Un año para mirar con afecto a miles de mujeres y hombres que ayer y hoy  entregaron su corazón a Dios para vivir con alegría en comunidad fraternal los valores del evangelio. El Santo Padre, Papa Francisco presentó el 21 de noviembre de 2014 su CARTA APOSTÓLICA A TODOS LOS CONSAGRADOS CON OCASIÓN DEL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA. Ella va encabezada por las hermosas palabras de aliento de San Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica “Vita Consecrata”: «Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir. Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas» (n. 110).

A partir del mes de noviembre del año pasado hasta la fiesta del 2 de febrero del venidero, celebraremos, por iniciativa de Francisco, el Año de la Vida Consagrada. La Carta Apostólica del Papa es una verdadera mina de oro en la que da impulso e invita a la esperanza gozosa en una vida consagrada que está llamada nuevamente a dar respuesta a numerosos retos planteados por el mundo actual. Así como lo hizo en sus orígenes, con la inspiración de sus fundadores y fundadoras y la mano invisible del Espíritu Santo; como lo ha venido haciendo y como tenemos mucha esperanza que lo haga de cara al futuro.

En nuestra Diócesis de Trujillo trabajan unas trece congregaciones femeninas y dos congregaciones masculinas, asimismo contamos actualmente con un monasterio de monjas contemplativas carmelitas y uno en plena fundación. Entre estas apreciadas presencias de vida consagrada, destaco para este año 2015 dos: las carmelitas descalzas contemplativas, con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús; y las dos congregaciones salesianas –masculina y femenina- , con ocasión del bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco. Ambas presencias son un regalo para nuestra diócesis. Las carmelitas descalzas son el bastión de oración y contemplación del rostro de Dios. Con su entrega a Jesucristo, al seguir el carisma de la oración legado por Santa Teresa de Jesús, nos llaman a vivir permanente el sentido del absoluto de Dios: Sólo Dios basta. Las salesianas y salesianos nos muestran la conducción por el camino del bien de los jóvenes como una opción de evangelización en una iglesia llamada a mantenerse siempre joven.

El Papa Francisco invita a mirar el pasado con gratitud y “leer con los ojos de la fe los signos de los tiempos, con una respuesta creativa a las necesidades de la iglesia”. Por eso, también es necesario no perder de vista el pasado resumido en los fundadores y fundadoras de la vida consagrada, la raíz del carisma que dio inicio a una forma de vivir el evangelio en comunidad y para el servicio de la Iglesia. Se requiere inscribir en el corazón la pasión por el evangelio que llenó de entusiasmo a los fundadores y fundadoras para convertir sus sueños en una renovada respuesta a los retos que el mundo actual nos presenta. Recorrer la propia historia es alabar a Dios y darle gracias por todos sus dones y responder confiadamente a él con alegría, mirando al futuro llenos de esperanza. Vale la pena colocar aquí las palabras del Papa Francisco en su Carta Apostólica: es necesario escuchar “lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy, a poner en práctica de manera cada vez más profunda los aspectos constitutivos de nuestra vida consagrada… La fantasía de la caridad no ha conocido límites y ha sido capaz de abrir innumerables sendas para llevar el aliento del Evangelio a las culturas y a los más diversos ámbitos de la sociedad”.

“Sed, pues, mujeres y hombres de comunión, haceos presentes con decisión allí donde hay diferencias y tensiones, y sed un signo creíble de la presencia del Espíritu, que infunde en los corazones la pasión de que todos sean uno (cf. Jn 17,21). Vivid la mística del encuentro: «la capacidad de escuchar, de escuchar a las demás personas. La capacidad de buscar juntos el camino, el método», dejándoos iluminar por la relación de amor que recorre las tres Personas Divinas (cf. 1 Jn 4,8) como modelo de toda relación interpersonal”.

Yo les invito, queridos hermanos y hermanas a vivir con la alegría del evangelio  la existencia de cada día, el profetismo de la vida consagrada, aunque no siempre se vean de inmediato los frutos. El profeta sabe buscar el rostro de Dios, sabe leer su presencia en el mundo y en la historia, sabe esperar contra toda esperanza. En la primera lectura surge la voz del profeta como una voz de Dios en el mundo (Dt 18,15-20): “Pondré mis palabras en sus labios, y él les comunicará todo lo que yo le ordene decir”. En primer lugar, es palabra el testimonio; seguidamente, es palabra lo que digamos y compartamos con nuestros hermanos y hermanas en comunidad; finalmente, es palabra la que demos a aquellos a quienes hemos sido enviados, palabra arraigada en el amor y en la comunicación de vida. El Papa les invita a “salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales” y a que “no os repleguéis en vosotros mismos, no dejéis que las pequeñas peleas de casa os asfixien, no quedéis prisioneros de vuestros problemas”.

Soy consciente de la responsabilidad que, como Pastor de esta Iglesia, tengo sobre todos ustedes. Soy religioso, venido de una familia religiosa, la carmelitana, y les digo que espero embarcarme en su misma barca este año de la Vida Consagrada. Ustedes son parte vital de esta iglesia y les llamo a que participen en la vida de ella. El Sínodo Diocesano debe ser también una oportunidad maravillosa y enriquecedora para esta participación en la vida de la Diócesis de Trujillo. Hago mías estas palabras del Papa Francisco, él también religioso: “Invito a los Pastores de las Iglesias particulares a una solicitud especial para promover en sus comunidades los distintos carismas, sean históricos, sean carismas nuevos, sosteniendo, animando, ayudando en el discernimiento, haciéndose cercanos con ternura y amor a las situaciones de dolor y debilidad en las que puedan encontrarse algunos consagrados y, en especial, iluminando con su enseñanza al Pueblo de Dios el valor de la vida consagrada,  para hacer brillar su belleza y santidad en la Iglesia”.

Como religiosos y religiosas también experimentamos las dificultades, los problemas, las noches oscuras espirituales. Pero que nada ni nadie nos acobarde. El Señor va con nosotros. En la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, que celebraremos mañana, también aparece la figura de dos consagrados a Dios –junto a Jesús, el “santo de Dios”: José, el hombre bueno y fiel, el amoroso padre legal de Jesús, y María, la virgen fiel y la llena de gracia, consagrada por excelencia. Ellos dos nos acompañen en el solemne camino de la fidelidad y la autenticidad. Termino con las palabras del Papa Francisco en su Carta Apostólica:

“Conocemos las dificultades que afronta la vida consagrada en sus diversas formas: la disminución de vocaciones y el envejecimiento, sobre todo en el mundo occidental, los problemas económicos como consecuencia de la grave crisis financiera mundial, los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social… Precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: «No tengas miedo, que yo estoy contigo» (Jr1,8).”