SACRAMENTALES

Objeción: ¿Por qué los Católicos rinden culto a cruces, reliquias, agua, palmas…?

Respuesta: Los sacramentales son un objeto o una acción que la iglesia coloca al alcance de las personas, mediante las cuales la persona recibe ciertos favores espirituales de Dios.

Ejemplos de sacramentales son: agua bendita, la señal de la cruz, velas benditas, palmas benditas, ceniza bendita, cruces, medallas, bendiciones, etc.

Para los no-Católicos, los sacramentales presentan el siguiente problema: no les gusta la mezcla de lo espiritual con lo material. Parecen pensar que mientras más lejos se esté de lo material, más cerca se está de Dios. De acuerdo a esta separación de lo material y lo espiritual ¿cómo queda, entonces, el Misterio de la Encarnación?

Tampoco calza esto con los Sacramentos, en los cuales también se usa algo material (agua en el Bautismo, pan y vino en la Eucaristía, imposición de manos en el Orden Sacerdotal), para conferir la gracia.

Pero, si en los Sacramentos se otorga la gracia, en los sacramentales no se otorga la gracia, sino que el uso de estos objetos o acciones puede llevar a las personas a recibir gracias o a responder a la gracia. Los sacramentales no tienen poderes mágicos, como algunos no-Católicos critican. Estos pueden ayudarnos a recibir gracias, nos disponen a responder a la gracia, pero no nos confieren la gracia, ni tampoco son la gracia misma.

En efecto, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice así: “Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los Sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella” (Catecismo de la Iglesia Católica # 1670).

Para responder a los no-Católicos sobre el uso de lo material para el logro de un efecto sobrenatural, recordemos la curación del ciego cuando Jesús usó tierra y saliva para hacer barro (Jn. 9, 1-7). Cristo no usó magia en este milagro. Simplemente usó algo material y a través de eso quiso conferir su gracia. Dios creó la materia y “vio Dios que esto era bueno” (Gn. 1, 10b). Tanto así, que Dios mismo se hizo materia, al hacerse hombre como nosotros para redimirnos. (Catecismo de la Iglesia Católica # 1667, 1668, 1671).