JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO – Ord.  34° – Ciclo A – (Texto: Mt 25 31-46)                      

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    Hoy, último domingo del año litúrgico, la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Y si investigamos la historia de los reyes y sus reinados, veremos que la misma, viene entretejida de guerras y sangre. Muchos hombres y mujeres han tenido que pagar con sus vidas el derecho a enarbolar libremente una bandera u otros signos patrios. También, la Iglesia y el Reino de Cristo, caracterizado por la paz y el amor, brotó en medio de la guerra y la sangre de muchos mártires

EL MARTIRIO DE JUAN SANCHEZ

    A propósito, recordemos la muerte del joven Juan Sánchez, que además de rico y noble en bienes de fortuna, poseía grandes sentimientos cristianos en su corazón. Un día, fue hecho prisionero y torturado por los sicarios de un dictador anti-católico que quería hacerle renegar de su fe. Dicen, que “a cada suplicio, el joven respondía: ‘¡Viva Cristo rey!’. Le cortaron una oreja, después la otra, luego las piernas; y así, anegado en su propia sangre, no cesaba de responder ‘¡Viva Cristo Rey!’”. También, hubo testigos que vieron cómo aquellos esbirros le rasgaban la garganta, de la que juntamente con su sangre seguía brotando el gemido: ¡Viva Cristo Rey! Finalmente, no pudiendo imponerle silencio, le arrancaron la lengua” antes de que muriera.

REYES DE LA TIERRA

    Hermanos, Jesucristo, Rey del Universo, es muy diferente a los jerarcas y reyes, que en la tierra pueden llamarse: millonarios, presidentes, gobernadores, militares, alcaldes, superiores de una congregación, diputados y hasta concejales de cualquier pueblo pequeño; que en sus administraciones se convierten en grandes o pequeños dictadores. Para la mayoría de estos monarcas de la tierra, después de logrado el poder, además de querer ser contados entre los famosos y poderosos del mundo, la mayor preocupación es anclarse en el mismo a través de la mentira y las armas. Muchos, encumbrados y rodeados de lujo y de sirvientes, difícilmente podrán comprender las privaciones y angustias que el pueblo humilde y sencillo que los eligió, padece.

 

JESUCRISTO NO MANIPULA NI EXPLOTA

     La imagen y simbología del “pastor” (Jr 23, 1-6); tomada por el profeta Ezequiel en la 1ra. Lectura de hoy (Ez 34,11-12.15-17), nos ayuda a comprender la verdadera naturaleza de Jesucristo: un Rey y Pastor; que sin manipular ni explotar, se da libre y totalmente por el bienestar del rebaño que es su pueblo.

 

SEGUIR EL EJEMPLO DEL LIDER Y MAESTRO   

   Jesucristo, además de Rey y Pastor, como auténtico líder, alejado de cualquier autoritarismo mezquino; reunió y continuará reuniendo sin dividir ni dispersar. Él, que había nacido y crecido entre la gente más pobre y sencilla, conservando siempre su humildad hasta la muerte, enseñó con sinceridad una doctrina nueva en la que pedía que sus discípulos –cristianos de ayer y de hoy-, siguieran su ejemplo: “Saben que los que son tenidos por gobernantes y dominan a las naciones como si fueran sus dueños, imponiendo su autoridad… Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser el primero que se haga sirviente de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida por el rescate de muchos” (Mc 10, 42-45).

EL JUICIO FINAL

    Finalmente, aunque el texto del Evangelio de hoy, no lleve la intención de describir exactamente cómo será el juicio final, si quiere inculcarnos algunos medios concretos para salir victoriosos del mismo. Aquel día, sin dejar de mostrar justicia y misericordia, como un pastor que separa las ovejas de las cabras, el Señor separará a los buenos de los malos: “Dirá el Rey a los de su derecha: ‘Vengan benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo’” (Mt 25,32-34). Y a los malos, lo siguiente: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (v. 41). Un claro juicio de misericordia para los que fueron fieles en el precepto del amor hecho caridad y servicio en los más pobres y humildes: en los hambrientos, los encarcelados, los extranjeros, los enfermos. Es decir, mirando como hecho a sí mismo, todo el bien que se realiza en ellos (Mt 25, 35-40).

HAGAMOS UN BALANCE

   Hermanos, con la celebración de Jesucristo, Rey del Universo, concluimos un año litúrgico. Aprovechemos esta fiesta, para meditar sobre todas las oportunidades de salvación que el Señor nos regala cada instante. También, hagamos un balance sincero de nuestra vida pasada y presente, porque el juicio final pudiera coincidir con nuestra propia muerte…