LA SANTIDAD DEL VENERABLE

cristemario

Hace muchos años escuché lo siguiente: “Para ser santo no hace falta hacer cosas extraordinarias, sino hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien”.  Esa frase me marcó y es que la santidad no es más que apartarse del pecado y vivir según la voluntad de Dios.  A nadie le debe caber la duda que el Venerable José Gregorio Hernández es un SANTO, y lo escribo en mayúsculas, porque él encaja perfectamente en el enunciado antes mencionado.  Según su biografía era un hijo ejemplar, estudioso, amoroso y obediente con sus padres, siempre quiso hacer la voluntad de Dios (virtud enseñada por su madre Doña Josefa).  Su intento fallido de ser religioso lo llevó a exigirse a lo máximo en cuanto al servicio a los demás.  Cumplidor a cabalidad de su profesión como médico y  profesor universitario, investigador incansable.  La muerte lo sorprende en un acto de caridad.  Oración y caridad son pilares fundamentales para la salvación, y él lo hizo de manera callada, sin sobresaltos, sin publicidad, entendiendo que hacía la voluntad del Padre.  Siguió al pie de la letra las palabras de Jesús: “Sean santos como mi Padre del cielo”, viviendo una vida sacramental. “Ora et labora” como el lema de San Benito de Nursia, dispuesto del corazón que lo hizo humilde y pequeño en los brazos de Dios, confiando en su bondad paternal como Santa Teresita de Lesieux.  Modelo para nosotros lo católicos que andamos buscando lo extraordinario, en vez de seguir sus pasos, y como dice el Padre Emiro Suárez: “Si él pudo, yo también”.  Con el Bautismo todos somos llamados a la santidad, que es la presencia de Dios reinando en el corazón del creyente, participando de las gracias necesarias que proceden de los méritos de Jesucristo, mediante el sacramento de la Iglesia.  La Santidad es obra de Jesús pero Él no se impone, requiere de la respuesta libre del hombre. Quien ama a Dios desea responderle con todo el corazón, se esfuerza y persevera con la ayuda de la gracia para vencer las tentaciones que ofrece el mundo.  Sigamos pues, con paciencia y perseverancia orando por la pronta beatificación del Venerable José Gregorio Hernández, para que de manera oficial la Iglesia declare lo que ya en nuestro corazón es una verdad: que él haciendo las cosas ordinarias extraordinariamente bien, pudo vivir una vida identificada con su Salvador, y que forma parte de esa Iglesia triunfante que alaba y bendice a Dios por la eternidad, junto a los ángeles y los demás santos.

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