El Traje de gala, conservarlo.

el_dia_del_se+¦or

DOMINGO 28° – ORDINARIO – Ciclo “A” –  (Texto: Mt 22,1-14)

 

     En cualquier cultura, invitar a la mesa para compartir los alimentos, es uno de los signo de caridad y de amistad por excelencia. A quien en un principio se considera “enemigo”, sólo se le invita por interés o por un sincero deseo reconciliación.

UNA INVITACION A CENAR

    Cada Eucaristía es la Cena del Señor. Una gran fiesta en la que no hay discriminación de raza, cultura o  condición social. Un signo del Reino de los cielos, presente ya en la tierra; por eso, cuando releía y meditaba los textos bíblicos de este domingo, pensando en la “Cena del Señor,” se me vino a la mente, lo bueno que sería, como católicos comprometidos, enviar a los miembros de nuestra comunidad parroquial; especialmente a los  que poco frecuentan la iglesia los domingos, una invitación bajo estos términos: “En el nombre de Jesucristo, tenemos el gusto de invitarlo a usted y a su distinguida familia a participar de la Eucaristía, de la “Cena del Señor”; que todos los días y especialmente cada domingo brindamos en su honor”.

EN LO ALTO DE UN MONTE UN GRAN BANQUETE

   Hermanos, las lecturas de este domingo, revestidas de fiesta, nos invita a una alegría desbordante. La primera, tomada del profeta Isaías, anuncia la “boda del Cordero” que el Señor preparará para todos los pueblos en lo alto de un monte. Allí, se brindará un festín con platillos suculentos, un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. También, destruirá a la última enemiga que es la muerte y enjugará las lágrimas del rostro de todos los pueblos para siempre (cf. Is 25, 6-10a). Pero, más explícito resulta el Evangelio, en el que Jesús, la víspera de su pasión y muerte vuelve anunciar el Reino de los cielos a través de una parábola que tiene dos partes: Los invitados por el rey a un banquete  en ocasión de la boda de su hijo (cf. Mt 22,1-10) y, el comensal sin traje apropiado (vs. 11-14).

 DOS CATEGORÍAS DE INVITADOS 

    Esta parábola, expresa la relación que existe entre el rey que es Dios y las dos categorías de sus invitados: Entre los primeros, había los que simplemente rechazan la invitación y ponen el pretexto de  algunos intereses  personales de poder: “uno se va al campo y otro a sus negocios”. También hubo otros que llegaron al  extremo de maltratar y asesinar a los enviados del Rey (vs. 5-6). Ahora, entre los segundos, los que habían sido excluidos al principio y que fueron invitados en los cruces de los caminos, había buenos y malos. Con ellos, se llenó la sala de comensales; pero, como algunos no venían con traje apropiado o de fiesta, no fueron elegidos, sino rechazados.

EL  TRAJE APROPIADO

     Finalmente, el texto y la parábola concluye con esta frase:”muchos son los llamados y pocos los escogidos” (v. 14). Para entrar al banquete del Reino es necesario un traje apropiado; es decir, un estilo de vida conforme a las enseñanzas del Evangelio. No todos los llamados se encontrarán al final entre los elegidos. Lo que convierte al invitado en elegido seguro, es el amor encarnado en las circunstancias concretas de la vida; sobre todo,  la misericordia con el prójimo, a ejemplo del  Señor.

    El día del juicio de las naciones, Jesucristo: “Separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Colocará a las ovejas a la derecha y a las cabras a su izquierda… Diciendo a los de la derecha: Vengan benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes”… Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron…  (cf. Mt 25, 31-36). Es decir, todas nuestras obras de misericordia serán el mejor traje de invitados al  banquete del Señor.

UN REFLEJO DE NUESTRA HISTORIA DE SALVACÓN

       De las lecturas bíblicas de este domingo, algunas cosas deben quedarnos muy claras: 1.- Que la Eucaristía es una figura anticipada del Reino de los cielos, ya entre nosotros. 2.- Que  Dios, nunca dejara de enviar a sus profetas aunque sean maltratados y asesinados. 3.- Que aunque sea demasiado bueno, paciente y generoso; también, es muy justo en sus decisiones. 4.- Que sus invitaciones, aunque pudieran parecernos fastidiosas y lejanas, como imaginamos a la propia muerte siempre ocurren.

     Por lo anterior, aunque a muchos, la invitación a la Santa Misa, que es la Eucaristía; cualquier negocio, dinero, pereza o diversión les provoque fastidio o rechazo; como cristianos nunca debemos dejar de invitarlos. Así sea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *