LA OBEDIENCIA INCONDICIONAL A DIOS

el_dia_del_se+¦or

DOMINGO 26º – ORDINARIO – Ciclo “A” (Texto: Mt 21,28-32)

Del diálogo entre un católico tradicional –de puro bautismo- y otro recién convertido, se escuchó lo siguiente: “¿Me dijeron que te metiste a católico? –“Si señor”. “Entonces, sabrás mucho de Cristo. Dime, ¿en qué país nació y en cuál murió?” -“No lo sé”. “Pero, al menos sabrás, ¿cuántos milagros hizo y cuántos sermones pronunció?”. -“Es una pena, pero no lo sé”. Eso bastó para que el católico tradicional dijera: “Entonces, ¿cómo dices que eres cristiano y católico, si poco sabes de Cristo?”. Su respuesta fue: “Tienes mucha razón y pudiera estar avergonzado por eso, sin embargo, sí se algo muy importante: Hace tres años yo era un borracho, tenía muchas deudas y perdí muchos amigos; además, mi familia se deshacía en pedazos. Mi mujer y mis hijos temblaban de miedo y de angustia cuando regresaba a casa por la noche. Pero ahora, he dejado la bebida, no tengo deudas y nuestro hogar se ha convertido en un hogar feliz. Cada día, mis hijos esperan ansiosos mi regreso a casa después del trabajo. Cristo cambio nuestras vidas… Eso es lo que yo sé y he experimentado de Cristo..

DIOS CULPABLE DE TODO

Hermanos, cada domingo, de las lecturas bíblicas que se comentan en la misa, por lo menos, dos relacionándose entre sí, nos hacen entender el Evangelio. La primera de hoy (Ez 18,25-28), nos sitúa en el año 597 a.C., cuando Nabucodonosor después de incendiar el templo y arrasar con la ciudad de Jerusalén, deportó al rey y a los principales del pueblo. Y todos, incluyendo al profeta Ezequiel, culpando a Dios y a sus antepasados, por semejante desgracia, salieron sólo con lo que llevaban puesto.

CADA UNO ES RESPONSABLE DE SUS ACTOS

   Por esas protestas, Ezequiel, convertido en defensor de la responsabilidad personal y eliminando la falsa creencia del castigo como herencia, tuvo que pronunciarse en el nombre de Dios, diciendo: “Ustedes dicen: ‘No es justo el proceder del Señor”… Pero, “¿no será’ más bien el proceder de ustedes el injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere; muere por la maldad que cometió” (Ez 18, 25-26). Siempre pide sinceridad y responsabilidad ante nuestros actos malos o buenos:

 

DIOS ES SIEMPRE MISERICORDIOSO

   Y como las bendiciones de Dios se entendían en forma de vida larga y los castigos en forma de muerte prematura, vida y muerte significaban participación o exclusión de la salvación de Dios, siempre misericordioso. Por eso, cuando un pecador abandona la maldad y practica la justicia, no muere sino que salva su vida (cf. vs. 27-28)… Y como “el Señor es recto y bondadoso indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos” (Sal 24,4); esta verdad siempre ha sido enseñada por el cristianismo a toda la humanidad. Entonces, nadie puede culpar a Dios ni a los demás de todo lo malo que pudiera sucedernos. Dios siempre da oportunidad para enmendar y seguir adelante.

 ParabolaDosHijos

EL “NO QUIERO IR” Y EL “YA VOY SEÑOR”

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de los dos hijos que el padre envía a trabajar a su siembra. El primero respondió: “Ya voy señor”, pero no obedeció. El segundo, de manera rebelde dijo: “No quiero ir”; sin embargo, más tarde, arrepentido, cumplió la voluntad del padre (cf. Mt 21,28-31).

El hijo rebelde, el que se niega al principio y después obedece, representa a todos los que Dios llama a la vida y al bautismo cuando son niños, pero después olvidan sus compromisos. Sin embargo, al final, como el recién convertido del inicio de esta homilía, por la gracia de Dios, terminan “haciendo la voluntad de Dios-Padre. Contrario al primer hijo, que personifica a la mayoría de los que vivimos de la   pura   apariencia. Cristianos de   “cumplimiento” -de cumplo y miento-. Sin ninguna o pocas obras buenas. Los que responden “sí” al Señor con la boca, pero no con el corazón. A ellos corresponde esta sentencia: “No todo el que me llama Señor, Señor, entrará al Reino de los Cielos”. (cf. Mt 7,21). Actuando así, cualquiera se queda rezagado en el camino del reino de Dios. Muy atrás de los publicanos y prostitutas (cf. Mt 21,31-32). Diestros y ligeros para responder “ya voy señor”, pero viviendo un perpetuo “no quiero ir”. La Palabra de Dios siempre será el espejo, que descubre todos nuestros defectos.