DOMINGO 25° – ORDINARIO – Ciclo A – (Texto: Mt 20,1-16)

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 La palabra de Dios estos domingos ha tocado dos temas muy importantes: la corrección fraterna y el perdón. Hoy, entre otras cosas, toca el degradante, repugnante y despreciable pecado de la envidia; que en muchas personas llega al extremo de producir “tristeza o pesar por el bien ajeno”. Y como pocos se ven libres de ello, es muy cierto aquel refrán que dice: “Si la envidia fuera sarna, cuántos sarnosos habría”…

LA ENVIDIA Y LOS ENVIDIOSOS

   La envidia, es una enfermedad que comienza por los ojos o por los oídos hasta llegar al corazón. Y si no se pone remedio a tiempo, sigue la ruta del chisme que en la mayoría de los casos, termina en la enemistad y la violencia. La persona envidiosa si no descubre defectos en el prójimo, los inventa. Por ejemplo, si escuchan de alguien que es bueno, honrado y caritativo, el envidioso sintiéndose mal, alega: “¿Quién sabe por qué lo hace?, seguramente trata llamar la atención”… “¿De dónde habrá sacado el dinero? Seguramente es robado. Y como ha hecho tanto daño, estará intentando acallar su conciencia. Entonces, cualquier reconocimiento o elogio o alabanza ajena es una ofensa para él y   los síntomas de la enfermedad se le agudicen. Por eso, a menudo responden: “Se ve que usted no lo conoce… ¡Hay, si yo le contara lo que sé!… Y realmente, no saben nada, sólo inventan.

COMO EL PRIMER ENVIDIOSO: SATANÁS

   Por eso, sufren solos y con la cara alargada, viven; lamentándose de las dichas de los demás. Sólo se contentan, cuando saben que a alguien le va mal o está preocupado o angustiado por un chisme. Por eso, odiando y pensando siempre en el mal; algunos, hasta emplean sus influencias y las manos para ejecutar lo que no eran más que simples pensamientos.

   ¡A cuántos habrá arruinado y matado la envidia!… Y, ¡cuántos, aun siendo cristianos, nos portamos como Satanás, el primer envidioso! “que desde las llamas eternas contemplando la gracia y la felicidad de Adán y de Eva en el Paraíso, al no poder participar de la alegría y el gozo de nuestros primeros padres, quería que compartieran sus mismo tormentos.

EL MISMO PAGO PARA TODOS LOS JORNALEROS

Hermanos, la envidia también es como un demonio que nos tienta y nos impulsa a exigir e imponer normas y derechos hasta al mismo Dios. Por eso, con facilidad protestamos y criticamos su conducta; la que de manera gratuita Dios hace en pro de la salvación de todos.

   En la parábola de “los viñadores” o de “la gratuidad incomprendida”, que relata el Evangelio de hoy, podemos apreciar parte de la conducta de Dios. En ella, Jesús compara el Reino de los cielos a un hacendado que sale muy temprano a contratar obreros para su finca. En la mañana contrató algunos, ofreciéndoles pagar el salario justo de un denario por la jornada. A media mañana, al medio día, en la tarde y casi anocheciendo hizo lo mismo con otros obreros. Al final del día, dijo al capataz, que comenzando por los que había contratado de último, pagara a todos la cifra convenida: un denario. Pero cuando llegó el turno de los que había contratado primero, éstos pensando que cobrarían más, desilusionados por recibir el mismo denario, murmuraron y protestaron diciendo: “les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y el calor” (Mt 20,11). El hacendado respondió a uno de ellos diciendo: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario?… ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tener envidia porque yo soy bueno?” (vs. 13-15).

DIOS ES GENEROSO PORQUE ES BUENO

 Hermanos, Dios, como aquel hacendado, llama y envía a cualquier hora del día y la paga es la misma: el Reino de los cielos. Cualquier juicio o crítica de nuestra parte, se debe a que nuestros contratos humanos se rigen bajo el esquema de “cierta justicia” y “criterios laborales”, que Dios rompe, porque los criterios y la justicia de Dios sobrepasan los cálculos humanos. Sus planes y caminos, son diferentes a los planes y caminos del hombre. (cf. Is 55,8).

   Por eso, cuando tomamos a la ligera la espléndida disposición de Dios -dueño de todo- estamos demostrando lo mezquino y envidiosos que la mayoría de los seres humanos somos. La bondad de Dios va más allá de lo jurídico y social del hombre. Dios es generoso con lo suyo, simplemente, porque es bueno. Malo es el que aparentan santidad y generosidad haciendo caridad con lo ajeno. Que unos hayan sido llamados antes y otros después para ganar el mismo salario es una decisión que revela parte del amor y la infinita misericordia de Dios. Por eso es, que en muchas ocasiones, “los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos” (v. 16). Así sea.-

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